DESARROLLO DE LA CARRERA Y ORIENTACIÓN

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INDICE

1. Definición y objetivos de la educación para las carreras.

2. Desarrollo histórico.

3. La educación para la carrera y la orientación socio-laboral.

1.DEFINICIÓN Y OBJETIVOS DE LA EDUCACIÓN PARA LAS CARRERAS

Según las voces autorizadas de autores como Watts y Kidd, es un error palpable del sistema educativo diferenciar dos áreas de la orientación particulares: la orientación académica y la orientación para la vida. Para ellos, como para nosotros, la profesión no está desvinculada de la persona que uno es, de la vida que uno hace o de los roles que la persona desempeñará en su casa, en su trabajo o en su comunidad. El empleo no es cuestión exclusiva de la orientación vocacional, lo mismo que el aprendizaje no es materia exclusiva de la orientación académica ya que el rango de los aprendizajes que una persona ha de hacer en su vida es muy amplio.

No obstante, en el ámbito de la orientación permanece la discusión acerca de si la Orientación para la Carrera y la Orientación Personal –entendida ésta como formación completa para la vida– son ámbitos complementarios y superpuestos o, por el contrario, ámbitos no diferenciables.

En este sentido, M.S Lucas observa que tanto las personas que acuden a orientarse sobre la carrera como aquéllos que buscan otros objetivos en la orientación, experimentan el mismo tipo de problemas personales y ambos tipos de personas tienen niveles comparables de dificultades emocionales. De hecho, como muestran los estudios de Anderson y Niles, muchos de los problemas que presentan las personas cuando buscan apoyo para la carrera no tienen nada que ver con la carrera, sino con crisis y necesidad de aclararse vitalmente.

Sin duda, existen condicionantes de la personalidad que marcan enormemente la toma decisiones y el desarrollo de la carrera como el insuficiente estudio de la situación, la indecisión, el excesivo perfeccionismo, la precipitación, el miedo a equivocarse, la falta de metas o prioridades o la vulnerabilidad a la presión…

García-García y Corpas ponen de relieve la importancia de abordar competencias intra e interpersonales para preparar de modo efectivo para la carrera, ya que estas disposiciones personales influyen directamente en el desarrollo de las actitudes laborales.

Entre las primeras, destacan el conocimiento y aceptación de sí mismo, la autoestima, el autoconcepto y la autoconfianza que son las que determinan el “sentimiento de laboriosidad” que permite activar el potencial creador de los jóvenes y origina el deseo de hacer las cosas correctamente, sentirse satisfecho personalmente y en compañía de las personas que le rodean.

En este contexto, en algunas ocasiones, el estudiante universitario elaborar su proyecto de vida y carrera, por lo que necesitará descubrir y desarrollar sus aptitudes, intereses y posibilidades, que le permitan tomar una adecuada elección y decisión ante un cambio de carrera o institución educativa.

La elección de una profesión y/o trabajo no solo se refiere a una actividad u ocupación profesional, sino a una forma de vida, por tanto la elección debe hacerse consciente de que con ella formamos parte de nuestra identidad de nuestro” yo” y que a través de ella asumimos un rol, un estatus.

De manera que los objetivos que persigue la educación para la carrera son:

  • Claridad en los objetivos personales y profesionales, valores y prioridades.
  • Autoconocimiento acerca de las propias habilidades, intereses, fortalezas y debilidades.
  • Herramientas para analizar alternativas profesionales y modalidades de trabajo.
  • Recursos para optimizar el desempeño propio en procesos de búsqueda laboral y en oportunidades de promoción interna: Currículum Vitae profesional, entrevistas laborales, etc.
  • Ampliación sistemática de la red de contactos que se maneje.
  • Interpretar el sentido y la necesidad de la Orientación Profesional de las personas como proceso continuo de desarrollo de la carrera a lo largo de toda la vida.

En definitiva, se trata de un proceso continuo y extendido en el tiempo de guía para la conciliación de los intereses, motivaciones y prioridades personales con los gustos, potencialidades y habilidades profesionales de un individuo.

2. DESARROLLO HISTÓRICO.

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La orientación laboral incide y da importancia a las actividades profesionales de las personas.

Y de esta podemos decir que:

- Es un hecho puntual que tienen lugar cuando el sujeto ha de llevar a cabo una elección de estudios y vocación.

- Es un proceso a lo largo de toda la vida del sujeto y que contribuye a su desarrollo personal y vocacional.

- Carácter técnico y profesional de la intervención. Necesita de profesionales cuya función es facilitar las condiciones y diseñar-ejecutar planes de actuación.

- Carácter experiencial. Lo que se trata es de que el sujeto pueda poner a prueba sus habilidades, intereses, posibilidades…y así facilitar la toma de decisiones y su entrada en el mundo laboral. (a través de convenios con empresas o actividades extraescolares).

- El sujeto como activo de su propio proceso orientador; autorreflexión, autoconocimiento, autoorientador.

- La orientación profesional como desarrollo de la carrera es decir, secuencia de roles, puestos y ocupaciones desarrollados por el sujeto a lo largo de su vida.

- Vinculo entre la actividad educativa y la vida activa, es decir preparación para la vida activa, se habla de una educación permanente.

- Principios de prevención, desarrollo e intervención social.

Siguiendo el modelo clásico de Morrill, Oetting y Hurst, que propone tres categorías de Orientación Laboral, y estas son:

-Los destinatarios de la intervención orientadora; los destinatarios pueden ser el sujeto, grupo primario, grupo asociado o la comunidad. deben de tenerse en cuenta los diferentes agentes que pueden estar influyendo en las decisiones o realizaciones del sujeto individual.

- El propósito de la intervención orientadora; se han de afrontar las situaciones problemáticas pero acentuando la prevención y el desarrollo, desde una perspectiva preactiva es decir, interviniendo antes de que se produzca el problema y estimulando la autorrealización personal.

- El método de la intervención orientadora; deben combinarse métodos de intervención directa, consulta, formación y medios tecnológicos así como documentaciones como la prensa.

Centrandonos mejor en el desarrollo histórico de la Orientación Laboral, vemos que la podemos dividir en cuatro periodos importantes:

El primero desde 1900 hasta 1915. Se caracteriza por una orientación basada en la práctica, con una preocupación humana, social y educativa de sesgo filantrópico.

En esta periodo se centraban en los jóvenes desempleados y que presentaban dificultades en su integración profesional y en su adaptación social. En esta época destaca la figura de Parsons; que crea un modelo de orientación profesional basado en:

- Autoconocimiento de las expectativas, intereses, habilidades por parte de los sujetos. (Influencia del movimiento psicométrico).

- Conocimiento de mundo profesional y ocupacional.

- Relación entre el autoconocimiento y el conocimiento a nivel profesional.

Dos importantes aportaciones de Parsons: la primero es fue el primero que habla de un análisis y diagnostico de las potencialidades de los sujetos, y segundo que consideró la orientación como un hecho puntual que tiene lugar cuando el sujeto necesita tomar una decisión en cuanto a su vida profesional.

En esta primera etapa la orientación aparece muy vinculada a aspectos sociales y económicos.

2. Periodo desde 1915 hasta 1950.

Este periodo de predominio bélico dio lugar a 3 ideas sobre el proceso orientador:

- La orientación como selección de personal.

- La orientación como ayuda individualizada; importancia de las variables personales y surge el modelo de counselling (individual). Se resalta también asesoramiento individual sobre todo en sujetos que precisan ayuda o asistencia psicológica.

- La orientación como proceso educativo; surgen dos modelos dentro d esta concepción, aquel que considera que la orientación no debe reducirse solo a la información ocupacional sino también debe ayudar al alumno a la hora de elegir sus estudios, es decir, proporciona información académica. Además también se incorpora la ayuda individualizada y el ajuste de los sujetos en base a sus necesidades, expectativa,…distribuyendo a los sujetos en las diferentes materias, cursos, centros, etc. Y el otro modelo considera la orientación como sinónimo de educación por lo tanto se introduce la orientación dentro del currículo escolar. En esta misma etapa surgen dos teorías que promovieron el desarrollo de la orientación y que son: el enfoque directivo y racional de rasgos y factores y el enfoque no directivo de Roges

3. Desde 1950 hasta 1970.

En esta etapa el orientador ya se considera un profesional, formado para ayudar a las personas en el proceso personal, educativo y vocacional. Aparecen técnicas de modificación de conducta y psicoterapias que ayudan en esta labor. Se pasa de ver la orientación como un hecho puntual y estático a verlo como un proceso de desarrollo de las conductas vocacionales a lo largo de toda la vida del sujeto.

Destacan autores como Super o Ginzberg y se empieza a sustituir el término vocacional por el de carrera. Por carrera entendemos una secuencia de puestos de trabajo y roles que el individuo ira desempeñando a lo largo de su vida. Se insiste el carácter educativo de la orientación, que no debe confundirse con la docencia y cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida educativa y buscar a personas bien formadas que puedan cambiar la sociedad.

4. La profesionalización de la orientación; a partir de 1970.

Aparición del movimiento de educación para la carrera que recoge los enfoques del desarrollo vocacional vinculados al proceso educativo y que concibe la orientación como un proceso educativo cuyo objetivo es que el sujeto adquiera las competencias necesarias para autorientarse y llevar a cabo decisiones autónomas, conscientes y motivadas.

También en esta época surge el movimiento de educación psicológica cuyo objetivo es desarrollar las dimensiones afectivas y cognitivas de los sujetos desde el proceso educativo y en interacción con el medio.

Se tiene mas en cuenta el contexto, se prioriza la prevención y desarrollo de todos tanto en el ámbito educativo como personal y profesional, se resalta la colaboración de organismos relacionados con la educación, papel mas activo del sujeto, se asume un carácter continuo de la orientación desde la escolaridad hasta la inserción en el mundo laboral y se fundamenta en programas de intervención además de exigir a los profesionales una formación continua.

Nos ha parecido importante destacar el movimiento de educación para la carrera.

El cual se trata de un intento de acercar la orientación a la educación apostando por un cambio educativo y social.

La educación para la carrera debe entenderse como un proceso educativo que dura toda la vida y que trata de preparar al sujeto para la vida adulta en todos los ámbitos posibles. Y por lo tanto tiene unos principios:

- Necesidad de conocer y experimentar el mundo de las ocupaciones y su estructura.

- Necesidad de educar en valores, hábitos y motivación hacia el trabajo.

- Capacitar a lo jóvenes profesionalmente.

Se quiere dotar a los sujetos de conocimientos, habilidades y competencias que le permitan ser ciudadanos útiles en la sociedad en la que viven.



3.LA EDUCACIÓN PARA LA CARRERA Y LA ORIENTACIÓN SOCIO-LABORAL

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Hoy, más que nunca, se está hablando de la orientación total o para toda la vida. No podemos sustraernos a esta concepción de la orientación, donde ésta se concibe no sólo en un momento determinado de la vida del individuo, sino que se tiene que dar en los momentos críticos de la vida, entendiendo éstos no sólo como crisis vitales, sino en todas las situaciones que suponen o incitan un cambio personal y social.

La orientación socio laboral está inmersa en la intervención de lo social. Nuestros objetivos no pueden separarnos de los fines que persigue esa intervención social, especialmente cuando se trata de colectivos que manifiestan especiales dificultades de acceso al empleo.

OBJETIVO DE LA ORIENTACIÓN SOCIOLABORAL

Para llegar a una definición amplia del fin último de la intervención en orientación sociolaboral, y tomando en cuenta lo desarrollado en el apartado precedente, debemos considerar tres  objetivos distintos que confluyen en nuestro quehacer:

Por un lado, un OBJETIVO GENERAL que haga referencia a lo que es orientación en sí misma. Entre las múltiples definiciones que existen tomamos la que consideramos más amplia y generalizable. Orientación es, pues, un proceso de ayuda profesionalizada hacia la consecución de promoción personal y de madurez social. (A. Pérez, 1985).

Algunos elementos que pueden ayudarnos a perfilar aún más este objetivo son:

1) Apoyando una creciente autonomía personal. Desenvolvimiento social, gestión de información y de búsqueda de oportunidades, resolución de conflictos, autonomía económica...

2) Estimulando a la persona a que asuma paulatinamente la responsabilidad sobre su propio proceso de desarrollo personal y promoción social, asumiendo los derechos y obligaciones en la relación social y ciudadana.

3) Apoyando el desarrollo en las personas de la capacidad para desenvolverse socialmente y situarse en medio de la complejidad sin ansiedad, esto es lo que D. J. Torregrosa llama la promoción cultural y participación cívica.

4) Facilitando los recursos necesarios para que las personas puedan reconstruir su identidad profesional sobre la base de su proceso de maduración personal y promoción social.

Por otro lado, debemos hacer referencia al aspecto SOCIAL de nuestro trabajo y sumarnos, inevitablemente, a aquel objetivo general de la intervención en lo social, que podríamos definir como el proceso que permite adquirir plenamente a la persona todos los derechos y deberes referentes al bienestar del ciudadano en sentido amplio: salud, protección, calidad de vida, trabajo y educación (L. M. López-Aranguren, 2002). Podemos enumerar algunos aspectos que son básicos para esa recuperación de la ciudadanía y que pueden servir para seguir profundizando en el sentido de este concepto. Algunos de estos elementos, que se pueden resumir en el apoyo a la fragilidad y ayudar a las personas a posicionarse favorablemente en lo social, pueden ser:

1) Incentivar la participación cultural y la promoción cívica y democrática: participar en las decisiones políticas, adquisición de medios para el consumo, acceso a la formación y a disfrutar de la cultura, etc.

2) Favorecer la identidad cultural que faciliten el sentimiento de pertenencia a un grupo social de referencia.

3) Facilitar el acceso a idénticas oportunidades que el resto de la población (derecho al consumo, al empleo, etc.).

4) Promover la adquisición y desarrollo de competencias prosociales que favorezcan el desenvolvimiento relacional con autonomía y el afrontamiento de las distintas situaciones sociales.

5) Estimular la responsabilidad social hacia las obligaciones administrativas, jurídicas, Â económicas y de convivencia cívica como miembro de una comunidad.



Finalmente, no podemos obviar aquel otro aspecto que acota y define el carácter de nuestra intervención: el aspecto LABORAL. Esto se concreta como aquel proceso que permite a la persona mejorar sus condiciones para situarse favorablemente ante el empleo y facilitar su acceso a un puesto de trabajo.

El empleo no es una meta de nuestra intervención, sino un medio para que la persona pueda generar sus propios recursos económicos y materiales que le permita disfrutar del bienestar de nuestra sociedad, adquirir los compromisos y obligaciones que exige la convivencia social y, finalmente, disfrutar de los derechos propios que establece el estado.

Situar el empleo como el elemento mediador de nuestra intervención, no debe mermar la importancia que, aún hoy, tiene éste para la adquisición de prebendas sociales. Castel (1997) señala que la participación en redes de sociabilidad y en los sistemas de protección social depende del lugar que se ocupe en la división social del trabajo. La reflexión, sin embargo, debe encaminarse para descentrar la importancia del trabajo como estructurante de lo social.

Nuestras funciones no deben perder de vista algunos de los tres cometidos definidos anteriormente.

La pérdida de un puesto de trabajo o la dificultad para acceder a un empleo suelen estar acompañados por la disminución de poder adquisitivo, pérdida de participación y una devaluación de la valoración de nosotros mismos. Esto significa que el empleo es una parte muy importante, bien para acceder o bien para mantener el ejercicio de la ciudadanía.



CARACTERÍSTICAS DE LA PROFESIÓN DEL ORIENTADOR SOCIOLABORAL.

Una de las dificultades, aún no resueltas, dentro de lo social consiste en coordinar servicios y profesionales, delimitar actuaciones y secuenciar las intervenciones con el fin de atender racionalmente a las personas que utilizan estos servicios. Son muchas las causas de esta disgregación, entre las que se encuentran la gran diversidad de realidades que se atienden, la dificultad para coordinar propuestas y políticas diversas o, incluso, la falta de definición de los roles de los distintos profesionales.

Así, todos entendemos que existen intervenciones claramente secuenciadas por la importancia que tienen para mejorar el bienestar de las personas. Esas son las primeras actuaciones a  realizar. Nos estamos refiriendo tanto al trabajo social (acercar y gestionar los recursos económicos y materiales necesarios) y a la intervención sociosanitaria y jurídica, intervenciones que deben, en su fin, posicionar a las personas en una situación de igualdad para afrontar con éxito su desenvolvimiento y participación social. Vivienda, recursos económicos, apoyos familiares y sociales, educación básica, situación administrativa de las personas (en el caso de los inmigrantes), rehabilitación psicosocial (enfermos crónicos mentales, exreclusos,...), recuperación de hábitos de salud e higiénicos, atención sociosanitaria (toxicomanías, enfermedades crónicas), sistemas de protección (mujeres maltratadas, protección del menor, ...), etc., son algunos de los aspectos de deben estar cubiertos antes (o simultáneamente) de realizar orientación sociolaboral.

Nuestra intervención no entra en conflicto cuando es claro el protagonismo de la orientación sociolaboral. En la medida en que intervenimos en procesos más amplios como las situaciones de vulnerabilidad o exclusión, la definición de nuestro ámbito de actuación es más confusa. Toda profesión debe acotar un espacio propio de actuación que definirá sus funciones, permitirá describir la preparación específica que debe tener el profesional, sus derechos y sus obligaciones. Esto no es fácil con una profesión emergente, que va cobrando un creciente protagonismo en la intervención de lo social ya que la interrelación con otros profesionales no está aún muy delimitada.